Cúrcuma para el hígado
Escrito por olguita   

Conocemos la cúrcuma sobre todo como una apreciada especia de la cocina india y como el principal componente del curry. Pero además, esta planta, emparentada con el jengibre, se ha utilizado en la India desde hace más de tres mil años y forma parte de la práctica ayurvédica. Marco Polo la describió tras su viaje a China comparándola con el azafrán, si bien no mereció la atención de la medicina occidental hasta fechas recientes.

La cúrcuma es originaria de la India e Indonesia, aunque hoy se cultiva también en China, Brasil o las islas Hawai. Se trata de una planta perenne, de hasta metro y medio de alto, con las hojas duras, dispuestas en espiral a lo largo del tallo. Las flores son amarillas y el rizoma, grueso y tubular, de color anaranjado vivo en su interior. Con fines médicos y culinarios se cosechan el rizoma y la raíz, que se cuecen al vapor antes de convertirlos en polvo. El rizoma de cúrcuma contiene un aceite esencial con zingibereno, polisacáridos, materias colorantes y curcuminas. A este último componente se le atribuye un efecto similar al de la silimarina del cardo mariano, que actúa como protector hepático, sobre todo a nivel preventivo.

Está considerada antinflamatoria, colerética, hipocolesterolemiante, hipotensora, antioxidante, bactericida, antiespasmódica, antiagregante plaquetaria y antialérgica.

Las propiedades terapéuticas que le atribuyen las diferentes prácticas médicas tradicionales son amplísimas y el interés que despierta es tal que el Estados Unidos incluso se pretendía patentar hace unos años el uso tópico de la cúrcuma para tratar heridas, aunque el gobierno indio consiguió demostrar que no se trataba de algo novedoso.

Para la ictericia

Destaca su importancia como regulador digestivo y protector hepático, en trastornos que afectan al hígado y la vesícula, para el tratamiento de la hepatitis C y la ictericia, para estimular la secreción de bilis y prevenir la formación de piedras en la vesícula, así como para devolver la normalidad a las funciones de estos órganos tras una intolerancia alimentaria o intoxicación leve. Además, reduce el nivel de colesterol LDL.

Resulta útil para:

  • Aliviar la inflamación de la artritis y artrosis
  • Para las lumbalgias y la migraña de origen hepático o digestivo.
  • Relaja la tensión muscular y favorece el riego sanguíneo, por lo que previene la formación de coágulos.
  • Se ha mostrado eficaz para tratar afecciones dermatológicas como eccemas, forúnculos y granos.
  • Reduce los niveles de histamina y combate las urticarias y las alergias con síntomas como conjuntivis o rinitis.

En cambio, la cúrcuma está contraindicada en caso de úlcera gastroduodenal, obstrucción biliar y piedras en la vesícula.

Se aconseja tomarla en tratamientos breves y discontinuos, siempre en ayunas.

Para los trastornos digestivos

La cúrcuma constituye un excelente tónico en caso de náuseas, mareos, flatulencias y espasmos gastrointestinales.

Para todos estos casos, basta con tomar una cucharadita de café del rizoma en polvo diluida en un vaso de agua, dos veces al día, en ayunas. Por otra parte, la cúrcuma en polvo, asociada a la cola de caballo y a la salicaria (una cucharada sopera de la mezcla por taza de agua), facilita la eliminación de toxinas y combate las infecciones en el tracto urinario.