Alimentos transgénicos Imprimir
Nutrición
Escrito por olguita   

Los alimentos transgénicos ya están en los supermercados. Se presentan camuflados, en forma de harina de maíz y de soja, almidón de maíz, lecitina (E-322), emulsionantes, espesantes, grasas vegetales, dextrosa, jarabe de glucosa y otros aditivos que forman parte de numerosos productos cotidianos e incluso de las papillas infantiles.

Otros ingredientes transgénicos que podemos encontrar en productos de consumo habitual son el "acondicionador de la masa" utilizado en productos de panadería y el aspartamo, un endulzante artificial que se incluye en los chicles sin azúcar, yogures, mermeladas light y refrescos.

Además, la soja y el maíz transgénicos que España importa desde 1996 de Estados Unidos han entrado en la cadena alimentaria a través de la carne, los huevos y la leche de los animales que los consumen como pienso.

Pero lo más curioso es que casi nadie se ha enterado, porque pocos productos lo advierten en la etiqueta. Según la normativa europea vigente, sólo es obligatorio un etiquetado específico cuando se detecta en el alimento material genético (ADN) modificado o las proteínas procedentes de él. Pero en muchos productos de consumo habitual, como chocolates o leches vegetales entre otros, no es posible detectarlo, de ahí que no lo indiquen.

Esta falta de información, unida al hecho de que, hoy por hoy, sean impredecibles los efectos que los alimentos transgénicos pueden tener sobre la salud y la naturaleza a largo plazo, ha abierto un amplio debate internacional entre los defensores (multinacionales, investigadores, laboratorios,...) y los detractores de estos productos (sindicatos agrarios, grupos ecologistas, ONG y organizaciones de consumidores), que ha ido adquiriendo cada vez mayores dimensiones.

¿Qué son los transgénicos?

Pero, ¿en qué se diferencian exactamente los alimentos transgénicos de los demás? Un alimento transgénico es aquel cuyo material genético ha sido modificado por medio de técnicas de ingeniería genética. También podría definirse así el alimento procesado que contiene organismos modificados genéticamente en su composición. Estas técnicas, a diferencia de otros métodos tradicionales de mejora genética utilizados desde los inicios de la agricultura, como son el cruce entre especies próximas y la selección de semillas, permiten recortar y pegar material genético de unos organismos vivos en otros de diferentes especies, dando así genomas y organismos artificiales que la naturaleza nunca habría llegado a producir.

Una realidad que ha hecho posible crear algo tan insólito como un tomate que incorpora genes de un pez del Ártico, lo que hace que esta especie transgénica pueda resistir mejor el frío.

Países líderes

Las técnicas de manipulación genética comenzaron a aplicarse en alimentación a inicios de los 90 y en la actualidad existen 40 millones de hectáreas de cultivos transgénicos en el mundo, la mayoría en Estados Unidos y Canadá y el resto repartido entre China, Chile, Argentina y pequeñas extensiones en Europa. España es el primer cultivador de Europa, el primer importador de maíz y el segundo de soja transgénica. Estos productos se utilizan en su mayor parte para alimentar al ganado y también en la elaboración de alimentos procesados.

En cuanto a los cultivos modificados en comercialización, hoy se cuenta con 57 autorizados en todo el mundo, la mayoría en Estados Unidos y Canadá, aunque se calcula que existen de 300 a 350 más en fase de experimentación. En la Unión Europea sólo se han autorizado dos, la soja de la empresa Monsanto y el maíz de Novartis.

Las plantaciones más representativas sometidas a esta nueva tecnología son de soja, maíz, algodón, colza, tabaco, tomate y patata, y las modificaciones que se han realizado en estos cultivos les confieren una mayor resistencia a herbicidas (producidos por las mismas multinacionale que comercializan las semillas), al frío y al ataque de insectos o permiten retrasar su maduración. La tendencia se abre sin embargo a cultivos de lo más variado que incluyen: calabacín, remolacha, arroz, melón, achicoria, papaya, lechuga, girasol...Y ya se habla de los beneficios que puede suponer obtener alimentos con más vitaminas, minerales y proteínas y menor contenido en grasas, así como semillas que produzcan un aceite con una mayor proporción de grasas monoinsaturadas.

Valor nutricional

Pero la pregunta que se plantea es: ¿qué ventajas, desde el punto de vista del consumidor, pueden aportar los alimentos transgénicos? ¿Son o pueden ser realmente mejores que los convencionales?

Pueden ser mejores si con la modificación genética se busca optimizar el valor nutritivo, pero también se puede ir en detrimento del valor nutritivo si lo que se busca es destacar otras virtudes, como una mejor conservación. El caso más ilustrativo es el del tomate transgénico cuya modificación genética prevé un retraso en la maduración. Si comparamos el proceso de degradación de un tomate biológico y uno transgénico, vemos que el primer día el tomate manipulado parece más maduro; al cabo de 10-15 días el color del tomate biológico señala que el contenido de azúcar, vitaminas y ácidos es correcto, mientras que el manipulado no produce etileno, útil para madurar. Al cacbo de 21 días el biológico está deshidratado y su textura está en declive, mientras el transgénico aparenta frescura pero en su interior la destrucción de las vitaminas y aromas no se puede frenar. Por este motivo, aunque el tomate transgénico conserve mejor apariencia durante más tiempo, no tiene un mayor valor nutricional que el anterior. Es más, su aspecto puede hacer pensar que se encuentra en mejores condiciones de las que realmente ofrece.

¿Son peligrosos?

Lo que parece no tener respuesta por parte de la clase científica y de la administración es la repercusión de estos alimentos y de los cultivos transgénicos en la salud y en la naturaleza a medio y largo plazo. Precisamente lo que critican con más ahínco organizaciones como Greempeace, Ecologistas en Acción, Coordinadora de Agricultores y Ganaderos, GRAIN, la Asociación Vida Sana y el Departamento Confederal de Ecología y Medioambiente de CCOO es que esta tecnología se está introduciendo muy rápido, bajo la presión de las empresas interesadas, sin un análisis suficiente de los riesgos, sin el debate social razonable y prescindiendo de los controles democráticos.

El hecho de que el anteproyecto de Ley de Responsabilidad Civil incluya la comercialización de organismos modificados genéticamente entre las prácticas con daños ambientales demuestra que los riesgos no se descartan. Este hecho obligará a las empresas que los producen a suscribir un seguro millonario para responder por los posibles daños causados a los seres humanos o a la naturaleza.

Ante este panorama, la única opción para consumir alimentos no manipulados con seguridad pasa por recurrir a los alimentos con aval biológico o alimentos lo menos elaborados posible.